La capital búlgara, Sofía, ha experimentado muchos cambios en su aspecto arquitectónico desde que fuera proclamada centro administrativo, cultural y social de Bulgaria en 1879. A pesar del paso del tiempo y los cambios que éste conlleva la ciudad ha logrado conservar el espíritu, las historias y parte de las casas de sus soberanos en dos de los barrios capitalinos: el que está en proximidad al Baño Central de la capital y el barrio Lozenets que algunos comparan con el artístico barrio parisiense Montmartre.
Lozenets se hizo popular como sede de las personas que tienen un estilo de vida bohemio en 1921. Sigue siendo así hasta nuestros días por encontrarse en él algunas de las parcelas más costosas de la capital. Hay viviendas en Lozenets que son inapreciables no solo por su ubicación, sino por las personas que no las habitaban y les insuflaron vida.
Si damos un paseo por las silenciosas calles nos encontraremos en una imaginaria máquina del tiempo que nos llevará a épocas en que el barrio fue hogar de personalidades que desempeñaron un papel calve en el desarrollo y el auge de este país. Entre ellos estuvieron el escritor Elín Pelín, el fundador y primer director de Radio Nacional de Bulgaria, Sirak Skitnik, el actor Krastiu Sarafov. Sus casas fueron proyectadas por algunos de los más célebres arquitectos búlgaros como Gueorgui Ovcharov y Yordan Milanov.
Una de las paradas obligatorias en el paseo atrás en el tiempo es la casa de la actriz Adriana Budevska. La casa fue convertida en un espacio que acoge exposiciones, veladas literarias y conciertos de cámara y sin duda ha logrado conservar el recuerdo de su afamada dueña. Adriana Budevska terminó sus días en esa casa tras una digna vida llena de peripecias: recorrió el camino de la gloriosa carrera artística al olvido casi total recibiendo un reconocimiento antes de abandonar este mundo.
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